jueves, 1 de agosto de 2013

Del hueso de una aceituna


Cualquier objeto, por minúsculo o inservible que pareciera, resultaba de utilidad en las prisiones de la dictadura para intentar domesticar el tiempo, demostrar el talento y seguir ejerciendo la solidaridad con pequeños gestos y detalles que eran de agradecer.
Este era el caso de quienes se dedicaban a tallar con paciencia huesos de aceitunas o de frutas (que a buen seguro se habrían comido otros) para que luego sirvieran de recuerdo a las familias.
En algunas de las numerosas visitas que le hicieron a Licinio Morales Gómez a Yeserías y a Polier sus hijos y su sobrino recibían de los presos pequeños obsequios como este. 
"Mi padre guardó durante toda su vida estas pequeñas figuritas realizadas con huesos de aceituna regalo de los presos en alguna de esas visitas."

Silvia González

jueves, 19 de enero de 2012

Lágrimas de rabia

martes, 25 de enero de 2011

Making off: de la vanguardia cultural republicana al triunfo franquista del muera la inteligencia

A Julián Zugazagoitia le fusiló el "ejército de ocupación" franquista en las tapias del Cementerio del Este, pero no fue el único que se preocupó por acercar el saber al pueblo y, a ser posible, porque fuera con mayúsculas.

La idea misma de hacer llegar a través de Ateneos Obreros, Casas del Pueblo, bibliotecas imposibles y universidadades populares la cultura, además de suponer uno de los principios republicanos menos discutidos, representó un gran paso para liberar de la ignorancia a quienes, el poder tradicional, había asignado el papel de víctimas y, de paso, para que el fascismo, irredento, se cebara sangriéntamente con quienes osaron promover la docencia y el libre pensar, fundamentado en el conocimiento, entre las trabajadoras y trabajadores de este país.

Las mujeres, en contra del análisis simplista acostumbrado, abrazaron y dieron forma como nadie a esta idea de progreso y humanismo, sirviendo de puente para enlazar todas las libertades.

Su esfuerzo, su ejemplo, avivó entre la gente más humilde su avidez por la lectura, por la formación intelectual, pero también atrajo la zarpa más afilada de sus enemigos.

Rosa San Segundo nos documenta a la perfección esta historia, "Mujeres bibliotecarias durante la la II República: de vanguardia intelectual a la depuración" que va acompañada, en la publicación de Participación Educativa, de otros excelentes trabajos en el mismo sentido: "de la educación popular al aprendizaje a lo largo de la vida"

martes, 7 de diciembre de 2010

La voz dormida


Así quiso comenzar Dulce Chacón una de las mejores aportaciones al conocimiento de la represión franquista en las posguerra y, sobre todo, a tejerlo literariamente con el sentimiento.
Las gentes cercanas a las víctimas, sus familiares y amigos, podemos poner nombre incluso a los personajes de su novela y situar sus avatares en la documentación más exacta de la historia.
Os recomendamos releer La voz dormida ahora, cuando hartos de vagar pidiendo saber, exigiendo verdad, justicia y reparación, seguimos con nuestras carpetas medio vacías, con documentos grises, opacos, sesgados, y, sobre todo, necesitados de lo que Dulce pudo y supo contarnos hace años.
En su memoria y en la de las víctimas.

"La primera vez que doña Celia fue al cementerio del Este, se repitió a sí misma que no volvería a hacerlo. Y fue llorando. Por Almudena lo hizo, porque doña Celia no tuvo la suerte de saber a tiempo que iban a fusilar a su hija. Ella no había podido darle sepultura, ni le había cerrado los ojos, ni le había lavado la cara para limpiarle la sangre antes de entregarla a la tierra. Almudena. Y por eso va todas las mañanas al cementerio del Este, y se esconde con su sobrina Isabel en un panteón hasta que dejan de oirse las descargas. Por eso corre después hacia los muertos, y corta con unas tijeras un trocito de tela de sus ropas y se los muestra a las mujeres que esperan en la puerta, las que han sabido a tiempo el día de sus muertos, para que algunas de ellas los reconozcan en aquellos retales pequeños, y entren al cementerio. Y puedan cerrarles los ojos. Y les laven la cara."




domingo, 13 de junio de 2010

Los recuerdos de Simón Barceló


Simón Barceló Ochogavia nació en la Seo de Urgell en 1902. Pronto se quedó huérfano de padre e ingresó con sus hermanos en el Colegio de Huérfanos de la Guardia Civil. Cuentan que era un niño muy religioso y que incluso dormía con una estampita en la mesilla, cosa que no le dejaban tener en el colegio, y a partir de ese momento lloraba todas las noches. Pero pronto su fe se resquebrajó. Uno de sus primeros destinos fue prestar servicio en la iglesia de Jesús de Medinaceli en Madrid y se horrorizó al ver sacar dinero en carretillas de las limosnas que dejaban los fieles. Eso, le hizo pensar que la iglesia y la religión seguían caminos diferentes. Desde muy joven le gustaba ayudar al que lo necesitaba, tal vez por eso se empezó a interesar por los movimientos obreros, así en 1934 se involucra en algunos actos que le llevan a ser represaliado y se le traslada a un pequeño pueblo de la provincia de Zamora (Otero de Bodas) donde aún le recuerdan con mucho cariño. Allí nacen sus hijos Simón y Carlos. En Madrid nacerían Carmen, Maruja y Antonio. Después de las elecciones de 1936 consigue volver a Madrid para ponerse a las órdenes de Fernando Condés.El golpe de Estado le pilla en el acuartelamiento del Parque donde permanece 15 días hasta que es nombrado para el servicio de ambulancias (Dependencia de Talleres) para transportar heridos desde el frente de Guadarrama. El contaba que estaba a las órdenes del general Miaja. Marcha voluntario a Cuenca con intención de formar allí una columna de milicias. En Octubre de 1936 es promovido a alférez dándole el mando de una compañía. En Julio de 1937 es nombrado para el departamento Especial de Información del Estado (DEDIDE) y destinado a Albacete como Jefe de Destacamento de dicha capital. Más tarde pasa ya como Teniente de Compañía de Asalto a Jaén y después a Murcia teniendo como misión mantener el Orden Publico y hacer controles. Se afilia al Partido Comunista a primeros del año 1937. Pasa la guerra en diferentes frentes. Durante este tiempo ayuda a amigos de derechas. Tal vez por eso, tal vez por sus hermanos que estuvieron en el frente Nacional, su pena de muerte pasa a ser de 30 años y un dia. Es detenido en Madrid nada más acabar la guerra y ahí, como tantos otros, sufre torturas y penalidades hasta que se le juzga en Noviembre de 1940 por Adhesión a la Rebelión Militar por el Juzgado Especial de Espionaje y Comunismo. Aquí empieza su peregrinar por diversas cárceles españolas…Penal del Dueso…Prisión Provincial de Pamplona…Destacamento Penal de Guernika (año 1942). Hasta llegar a la prisión de Carabanchel en el año 1947. Trabaja como esclavo en la construcción del Valle de los Caidos.
Por suerte conservamos algunas de los objetos que hizo en la cárcel un reloj, una pequeña cajita de latón y un pañuelo pintado a mano afición que conservó, y hay algunas telas pintadas con pájaros y flores enmarcadas que si no se hubieran perdido. Se le aplica un indulto parcial dejando la pena en 20 años y un día. Sale de la cárcel en libertad provisional en Octubre del 1952. Por haber extinguido su condena de 15 años con abono de 1126 días redimidos como consta en su certificado de Liberación. Sale enfermo y teniendo que mantener a su familia haciendo “chapuzas” casi siempre de pintor. Su familia ha sobrevivido, menos una de sus hijas muerta por tuberculosis. Sus hijos pasaron por el Auxilio Social siendo rapados y vejados por ser” hijos de rojo” su mujer cose pantalones 16 horas diarias. Consigue una pequeña paga por haber sido Guardia Civil pero no se le reconoce rango. Muere en el año 1971 a la edad de 69 años como consecuencia de todas las penalidades sufridas en la cárcel. Esta pequeña biografía ha sido posible gracias a los papeles que obran en poder de su nieto Carlos y los datos que nos ha proporcionado la mujer de su hijo mayor Simón (Manuela Garcia Nava), ya que él nunca contó muy poco sobre la guerra a sus hijos y menos aún sobre su paso por la cárcel. Sus nietos recuerdan que fue un hombre serio y recto al que le gustaba contar cuentos inventados por él. Eran demasiado pequeños cuando murió para que les contara otra cosa. Hoy su biznieta Mª Elena Barceló reivindica la figura de su bisabuelo. En la calle lleva su foto a todos los actos exigiendo Verdad, Justicia y Reparación.
Fuen Benavente.

domingo, 30 de mayo de 2010

El amo de la pista...era comunista


José Américo Tuero Paraja, nació en Argentina y regresó a España para quedarse, para enriquecer su cultura y su deporte, para apostar por el pueblo. El fascismo se lo impidió.
Aquí estaba ya, en la parrilla de salida de la primera vuelta Ciclista a España en abril de 1935, donde a pesar de sufrir una terrible caída en la última etapa, pudo completar sus 250 kms. y acabar en Madrid el decimonoveno en la General.“Y Américo Tuero, el madrileño, sufre una caída terrible sobre la lija del camino. Se levanta y grita desesperadamente, cree que no podrá seguir, que no podrá llegar a Madrid, y su desconsuelo impresiona a los seguidores. Precisamente Tuero nos decía esta mañana en Zamora:
- No he podido dormir durante toda la noche, con el deseo de llegar a mi pueblo. Es una ilusión enorme la que tengo.Por fortuna, todo se arregla cuando un ciclista tiene voluntad. Los médicos de la carrera vendan a Tuero, y éste sigue la prueba lleno de parches.”
(Crónica para ABC de la última etapa, Zamora – Madrid. 250 kms., de la Primera Vuelta Ciclista a España en mayo de 1935).
 Su hija Chely aún conserva sus triunfos, sus copas y, lo que resulta más emotivo, la indumentaria deportiva con la que José Américo se realizó como ciclista

Pero no dejó de pedalear por la causa republicana y por el socialismo, desde Madrid a Playa Girón, hasta que murió en La Habana, honrado en su despedida (por esas coincidencias y esperanzas que da el destino a los luchadores más anónimos) por un grupo de veteranos de la Brigada Lincoln que se encontraban allí de visita.

Anverso y reverso (todas las fotos cedidas por Chely Tuero)

Su hija, Chely Tuero, ha querido compartir con nosotros algunos de sus tesoros. Su historia comprometida con la República Española y con el Partido Comunista y su clase (cuando había clase, claro), sus increíbles y románticos avatares, como su fuga del Valle de los Caídos, que le mantuvieron vivo para la esperanza hasta finales del pasado siglo.



Trabajos desde la prisión

Su historia, como anticipa Carlos Fernández en su trabajo Madrid Clandestino, se entronca con la de nuestros familiares, compartiendo lucha y presidio con ellos, con Marcos Ana y con tantos otros que corrieron peor destino. La completa y enriquece en testimonios, en dignidad y en la modestia de quien no espera medallas (aunque, por amplias miras de otros pueblos más agradecidos, fuera reconocido y galardonado como debía).

Terraza del piso de la calle Alcalá, 166 donde aprovechando el bautizo de Chely (en la foto), se constituyó la Comisión Central Reorganizadora del PCE
Carta de despedida a sus compañeros fusilados

Esto, es sólo un avance de su historia, son imágenes e ideas que contribuyen a que sigamos recuperando toda la historia que nos hurtaron y que debería contribuir a dignificar a todos los que nos sentimos herederos. Esperamos que pronto podamos disfrutar del libro que José Américo Tuero fue escribiendo a lo largo de su vida y que tuvo que completar Chely ante su prematura muerte.

Muchas gracias, Chely. Ojalá que la historia ejemplar de José Américo Tuero pueda llegar a todos los confines de la dignidad y de la deuda que tendremos siempre pendiente con los que emplearon su vida por un mundo más justo.

Leer un buen resumen de su biografía en: Deportistas Históricos. Américo Tuero, el ciclista republicano