Vitaminas, “nació” en la Galería Provisional de Porlier en 1943. En un ambiente de intelectuales, artistas, deportistas, pero sobre todo de hombres leales y recios. Esos hombres al borde de la muerte, reían, cantaban, tomaban clases de diversas materias y con su decisión y habilidades trataban de enfrentar a sus captores. Así, por ejemplo, compusieron una marcha para el Director del Penal, personaje sanguinario y ridículo.
Allí unieron petate en el mínimo espacio asignado, un tenor cubano, Pelayo Cordero Nicot y un español argentino, Américo Tuero Paraja. Utilizando las múltiples habilidades de Pelayo, trabajado con miga de pan, nació Vitaminas, como una imitación del propio aspecto que ofrecían todos los instalados en la Provisional, entre las risas de los que se reconocieron en él. Así nació y vivió entre los petates de Pelayo y Tuero en la siniestra 3ª galería de Porlier.
Pelayo y Tuero, gracias a las presiones que realizaban sus familias con las Embajadas correspondientes, recibieron la conmutación de sus penas de muerte por 30 años de prisión. Y se organizó su traslado en una fría noche madrileña, bajo la ansiosa mirada de sus esposas, que no sabían dónde iban, pero sí que salían de aquella máquina de muerte.
Los tres partieron de allí -incluido Vitaminas- ahora con destino al renombrado por los franquistas como “Valle de los Caídos”.
“Vitaminas”. Muñeco policromado realizado por Pelayo Cordero Nicot con miga de pan y diversos tejidos en la Galería Provisional de Porlier. 1943. Legado de José A. Tuero
En Cuelgamuros, Tuero y Pelayo continuaron unidos en complicidad y Vitaminas entre sus cosas, y otras que tenían y tuvieron. Mensajes que los acompañaron, por ejemplo, o la cuerda tejida para escapar de Porlier, que hoy forman parte del legado de Tuero.
Cuerda tejida con el esparto de las zapatillas en la Prisión de Porlier para un intento de fuga. Legado de José A. Tuero
Cuando decidió escapar del campo de concentración, sus pertenencias fueron recogidas y puestas a buen recaudo. Y entre ellas iba Vitaminas.
El hilo de la narración se bifurca como en una buena novela de aventuras porque, a juicio de Chely Tuero caben dos posibilidades:
a) Sus pertenencias se entregaron a la esposa de Tuero y con ellas, el muñeco Vitaminas.
b) Se entregaron a su hermana, prácticamente la madre de Tuero, que gozaba de la protección de estar casada, aunque separada, de un oficial de Franco. La hermana de Tuero, guardó con esmero todas sus pertenencias como ciclista, incluyendo la bicicleta.
En 1953, ella viajó a Cuba y pudo llevar todo lo que de él tenía. En cualquier caso el legado de Tuero llegó a manos de su “familia cubana”. Vitaminas estuvo en manos de su esposa Pilar y permaneció así hasta su muerte como uno de sus objetos más entrañables.
Luego pasaron a manos de la hija de Tuero quien, cuando se vinculó con el Grupo Memoria y Libertad aportó piezas del legado de su padre, incluso las llevó a la presentación del libro “Mi desquite” en Madrid. Pero de nuevo volvieron a Cuba.
El pasado año, previa consulta a sus hijos, se decidió entregar todo el legado al grupo memorialista Memoria y Libertad. La entrega se realizó en Madrid por parte de la nieta de Tuero, Kenia, y así fue como Vitaminas volvió al origen de su existencia para lograr el debido reconocimiento como pieza de memoria histórica y, por qué no, de arte.
En octubre de 2022, Vitaminas fue testigo del I Homenaje institucional a las víctimas de la dictadura franquista en el Auditorio Nacional de Música, gracias a que el artista Fernando Sánchez Castillo lo llevó en una cajita de madera y logró pasar todos los controles.
Chely Tuero y José María Alfaya (La Habana - Valdepeñas. 12 de marzo de 2023)

